martes, marzo 10, 2026

El futuro de la ganadería ¿A dónde vamos?

F. Javier González González
Veterinario Producción Animal

Valladolid, 9 marzo 2026. – Confieso que siempre he querido que alguien me encargase alguna vez dar una charla sobre “El futuro de la ganadería” o “La ganadería dentro de 50 años”. Cosas que, a mi edad (60), comprometen más bien poco.

Pero como nadie se anima con el encargo, me he decidido a tomar la iniciativa y poner negro sobre blanco algunas (pocas, no se asusten) reflexiones al respective. Son más de 35 años trabajando como veterinario en producción animal y, aunque suene a tópico, he visto pasar muchas cosas en tan largo camino (perspectiva, al menos, no me falta).

Eráse una vez…..

Porque para hablar de futuro no queda otra que hacer alguna referencia al pasado. Y les aseguro que han pasado (valga la redundancia), muchas cosas en estos 35 años. Cuando yo empecé no había freno para el uso de promotores, antibióticos y demás derivados capaces de convertir una mala granja en una explotación ganadera rentable. Por cierto, los boomers y los de la generación X (la mía por un pelo), nos lo hemos comido “todo” (carbadox, olaquindox, cloranfenicol, furaltadona…) y aquí seguimos, con nuestros achaques, pero dudo mucho que tengan que ver con todo eso que digo hemos comido; y cada vez ¡duramos más! Lo digo por quitar el miedo a alguien que de repente crea que se ha comido un filete con 2 ppb de enrofloxacina y espere tener palpitaciones o algo. Esto es tema para otro día.

Pequeñas unidades ganaderas, poca tecnificación, pienso mayoritariamente en sacos, mucho trabajo veterinario tanto en producción como en sanidad, sin presencia de la gran distribución que luego vino a cambiar radicalmente el modelo productivo, etc., etc.

Y llegó la UE

Luego llegó Europa y sus regulaciones y prohibiciones; esa gran distribución que lo único que ¿quería? era tener productos más baratos que sus competidores, el Km 0, el Libro Blanco de la Seguridad Alimentaria (“De la granja a la mesa”), y todo esto que nos ha ido trayendo al modelo que tenemos ahora en España y, por extensión, en nuestra “vieja y afeminada Europa” (que nadie tenga la piel tan fina para escandalizarse por esta expresión. Ni siquiera es mía, pero entiéndase en el contexto que mencioné antes: lo dice alguien de la generación X – casi boomer.

Pero no debemos perder más tiempo en preámbulos. Porque la pregunta es ¿y ahora qué?

Es el momento de sacar la bola de cristal y “mojarse”. Un spoiler: seguirá existiendo el sector primario “for ever”. Otra cosa es saber cómo.

Hablemos de España (Europa). Conviven dos modelos aparentemente contradictorios: grandes unidades empresariales que cada día aglutinan más unidades ganaderas y que, por propia evolución natural, cada vez están más “verticalizadas”; y, por otro lado, pequeñas granjas que hacen del Km 0 su bandera (recuerdo aquí que este era uno de los principales objetivos de “Europa” para perfilar el “futuro ganadero europeo”.

Las ventajas de un modelo son los inconvenientes del otro y viceversa. Y ambos modelos deben atender a una demanda que (ya es así, pero en el futuro lo será más), ya no solo va de lo local, regional, nacional o continental, sino que las interacciones con el resto del mundo cada vez serán mayores y más evidentes (Mercosur, acuerdos con China, la India, los arancelTrumps, etc, etc.).

Por tanto, el foco de la ganadería se amplía hacia nuevas fronteras al mismo tiempo que trata de proteger las suyas. Y en esta guerra sin cuartel ¿quién se llevará el gato al agua? La respuesta cómoda es “que los de siempre”, es decir, el gran capital que decidirá en cada momento hacia dónde inclinar la balanza internacional.

La respuesta más incómoda es que los consumidores también tendremos algo que decir. Simplificando nuestros criterios “con fines didácticos”, podríamos decir que compramos alimentos (me centro en alimentos de origen animal), primero por necesidad (y esta es la condición que nos da ventaja y que nos asegura el futuro), después hay otros factores que cada uno colocará en el orden que su buen juicio le aconseje (yo intentaré hacerlo al azar; a ver qué me sale): precio, seguridad, bienestar animal, producto de cercanía, certificaciones varias, huella de carbono, marcas…

el foco de la ganadería se amplía hacia nuevas fronteras al mismo tiempo que trata de proteger las suyas.

Las tres posibles estrategias de futuro:

A partir de aquí, y esto es un criterio totalmente personal, intentaré hacer una clasificación de operadores y de sus posibles estrategias a futuro:

Gran Distribución:

busca y buscará precio, pero al mismo tiempo también diferenciación con sus competidores. Esas diferencias saben que cuestan dinero (al productor), y que pueden ir desde nuevas certificaciones (Bienestar, libres de antibióticos, sin OGMs, piensos “naturales”, gallinas felices, vacas “sostenibles” …), hasta “abanderar” productos de cercanía, con denominación de origen, con marca propia, sin huella de carbono, etc. Y todo al mismo tiempo que lucharán por tener marcas blancas mejores y más baratas destinadas al “gran público”.
Hasta hace bien poco los sectores ganaderos tenían más miedo a las pautas que marcase esta gran distribución que a la propia legislación europea. Fueron antes las grandes cadenas las que “prometieron” no comercializar huevos de “gallinas prisioneras”, que la legislación que, de hecho, todavía no ha prohibido la producción de huevos en jaula. La bandera era el Bienestar animal, pero la realidad solo respondía a una estrategia de marketing (no muy acertada, en mi modesta opinión). En fin…

El problema con que se va a encontrar esta gran distribución es que cada vez habrá menos operadores capaces de satisfacer esas necesidades. Y cuantos menos operadores, mayor capacidad de negociación por parte del que vende. Esto es una novedad.

Hace “nada” los responsables de compras de las grandes cadenas (gente temida entre “los míos”), sabían que eran muchos a vender y que esto siempre motiva mejores ofertas. Siempre había alguien más barato. Ahora ya no es así y la gran distribución está más preocupada que nunca por tener una garantía de suministro; y ya no vale cualquier suministro. Precios competitivos, pero también productos diferenciales que van más allá de las marcas.
Bien sabemos lo difícil que es en el mundo ganadero hacer marca de carne de pollo, huevos o leche de vaca, pero no tengo duda de que ese será uno de los caminos a explorar. El consumidor ganará (ganaremos) en calidad, pero tendremos que pagar más por comer. Y todo esto con el permiso de los acuerdos comerciales que mencionaba antes. Veremos el efecto de Mercosur o los acuerdos con la India o China sobre la oferta.
Las famosas cláusulas espejo ¿mismos estándares y exigencias productivas? Suponemos que sí, pero, a día de hoy, todavía son muchas las dudas sobre cómo controlar esto en la “vida real”.

Fueron antes las grandes cadenas las que “prometieron” no comercializar huevos de “gallinas prisioneras”, que la propia legislación

Grandes productores:

Operadores grandes y dominantes capaces de negociar de tú a tú con estas grandes cadenas. Necesidad mutua que, en mi modesta opinión, puede resultar beneficiosa para todos (y aquí incluyo también a los consumidores). Se podrán mejorar los estándares de calidad y seguridad alimentaria, manejando al tiempo la economía de escala para poner en el mercado buenos productos a precios competitivos. Las exigencias legislativas son cada vez mayores y más complejas y esto da una evidente ventaja competitiva a estos grandes productores que tienen la estructura necesaria para afrontarlos (vuelvo a señalar aquí que no deja de ser contradictorio en una Europa preocupada por la economía de cercanía).

En fin, supongo que lo importante es comer o, mejor dicho “poder comer” sin dejarse el sueldo (bastante tenemos con la vivienda). ¿Y cuál será la estrategia de estos grandes productores?
Seguramente lo primero, seguir creciendo tanto a base de adquisiciones como de ampliaciones. El futuro “fácil” parece que indica que seguirán usando la estrategia de la verticalización: todo el modelo productivo bajo la misma propiedad, o, dicho de otro modo: “yo me lo guiso, yo me lo como”.

Pero en este punto quiero al menos, sembrar la duda. Existiendo la estructura productiva que tenemos ahora ¿no sería una mejor opción buscar socios estratégicos para las distintas variables de la producción, que tenerlo todo en propiedad?
Ventajas: el fabricante de pienso es ya experto en fabricar pienso, el propietario de la genética o de la reproducción, exactamente lo mismo.

Si yo, gran empresa, quiero tener granjas, mataderos, laboratorios, medicamentos, genética, recrías, fábricas de pienso, servicios veterinarios, servicios legales, comercialización propia, etc., etc., necesitaré una estructura francamente compleja y no podré echar la culpa a nadie si las cosas no salen bien (les aseguro, por experiencia, que esto es más que una broma). Y siempre será más barato tener socios que tener propiedades. Si mi objetivo es vender pollos, mi prioridad debe ser tener muchos pollos.

De lo demás, podemos discutir con las empresas especialistas en cada “pata” de la producción-comercialización. Veremos el futuro qué nos depara. Pero, como veterinario, y viendo la que ha caído y está cayendo a cuenta de la Gripe aviar, de la Peste porcina o de la Dermatosis nodular, meter una cuñita y destacar la proporción directa entre tamaño de la granja (o unidad productiva), y el riesgo sanitario. Cuidadín con los diseños y la Bioseguridad.

¿no les sería mejor a los grandes productores buscar socios estratégicos para las distintas variables de la producción, que tenerlo todo en propiedad?

Pequeña producción y distribución local de producto:

Esto me recuerda cuando uno de mis numerosos jefes me decía una vez: “Javier, ojalá vendiésemos todo el pienso en sacos. Ahí está el negocio”. Y sí, pero no. Es tan utópico como suponer que en todos los pisos de la Castellana tiene que haber una jaula con tres gallinas y dos pollos, y un invernadero en cada terraza con una tomatera. Es bonita, como idea, pero… Esto no quiere decir, ni mucho menos, que no vaya a haber una producción local y muy diferenciada.

No será fácil para estos productores, pero Europa apuesta por ellos y, si se saben organizar, también tendrán sitio en la ganadería del futuro.
Los productos gourmet, que son como las entradas que vendía Gila (chiste solo para boomers y “X”): las vendo a 1 millón y con una que venda ya hice la tarde. Antes mencioné lo difícil de poner marca a leche o a huevos, pero ya se ha conseguido en el pasado y será algo a considerar en el futuro.
Además, la ventaja para los pequeños de que haya grandes operadores dominantes es que estos no van a poner nada fácil que los precios de los productos bajen hasta entrar en pérdidas. Partiremos de mayores niveles de rentabilidad y esto es bueno para grandes y pequeños. Siempre he apoyado “por vocación” a los pequeños productores y, desde aquí, los animo a que le echen imaginación, porque ganas ya les sobran, y perseveren haciendo lo que les gusta para poder vivir de ello.

Por tanto, y por no alargarnos, el sector primario seguirá siendo la base de nuestra ¿cada vez más civilizada pirámide? Hay futuro y, con permiso de la geopolítica (hoy un artículo que no incluya este palabro, ni es artículo ni es ná), y de las bombas, seguiremos poniendo proteína cada vez de mayor calidad en la boca de todos (nada más democrático que la comida), al tiempo que profundizaremos, como no puede ser de otro modo, en todo lo que tiene que ver con la mejora del bienestar animal y la sostenibilidad. No para que nos dure el planeta, si no para que nosotros le duremos a él. Un poco de modestia. Por cierto, a pesar de todas las críticas (pasadas, presentes y futuras), cada día me siento más privilegiado por haber nacido en la vieja Europa.


F. Javier González González
Veterinario STC Nanta

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