Decodificando el malestar en los primeros 3 días de vida
Los primeros tres días en granja, conocidos como periodo de recepción o «arranque» del pollito, constituyen una de las fases más críticas en la producción avícola. En este breve intervalo se definen variables clave como la viabilidad, la uniformidad, el arranque metabólico y, en consecuencia, el desempeño productivo del lote durante todo el ciclo. A pesar del avance en la implementación sensores, control ambiental automatizado y protocolos estandarizados, sigue existiendo una brecha entre lo que los equipos indican y lo que el pollito realmente siente y experimenta.
En este contexto, la bioacústica emerge como una herramienta complementaria de gran utilidad. Las vocalizaciones del pollito contienen información biológica precisa sobre su estado térmico, nutricional, emocional entre otros. Las llamadas de estrés o angustia son emitidas por los pollitos cuando algo va mal y permiten detectar problemas de bienestar, manejos deficientes, enfermedades, hambre o sed, homeotermia, etc.
Detectar estas vocalizaciones, permiten una evaluación directa y en tiempo real del bienestar animal y pueden ser claves para monitorizar el arranque de los pollitos.
La monitorización acústica en granja es un método no invasivo que permite evaluar en tiempo real el estado fisiológico y el bienestar de las aves mediante el análisis de sus vocalizaciones. Gracias a su carácter continuo, automático y respetuoso con el comportamiento natural de las aves, la monitorización acústica es una novedosa herramienta clave para optimizar el manejo, mejorar el bienestar y aumentar la eficiencia productiva en granjas avícolas.

El pollito como organismo poiquilotermo
Durante los primeros días post-eclosión, el pollito es un organismo poiquilotermo: no puede regular su temperatura corporal de manera eficiente y depende casi por completo del ambiente para mantener su homeostasis térmica. La termorregulación efectiva requiere una combinación precisa de temperatura del aire, temperatura de la cama, humedad relativa, velocidad del aire y acceso temprano a alimento y agua.
Cuando alguno de estos factores falla, el pollito responde de inmediato mediante cambios conductuales y fisiológicos. Uno de los primeros y más sensibles indicadores de esta alteración es la vocalización. A diferencia de parámetros productivos que se manifiestan días después (ganancia de peso, conversión, mortalidad), la vocalización es instantánea.
El espectro del estrés: Frío vs. Calor
El denominado “llamado de angustia” (distress call) no es una señal homogénea. Aunque al oído humano pueda percibirse simplemente como un incremento del ruido ambiental, el análisis acústico revela patrones claramente diferenciables según el tipo de estrés:
- Estrés por frío. El frío es, con diferencia, el desencadenante más potente de vocalizaciones en pollitos recién llegados a la granja. Cuando la temperatura corporal desciende por debajo del rango de confort, el pollito emite vocalizaciones intensas, repetitivas y de alta frecuencia, generalmente superiores a 4 kHz. Desde el punto de vista evolutivo, esta señal tiene como objetivo alertar a la gallina madre para obtener calor. En una nave comercial, un sonido estridente, agudo y continuo es una señal inequívoca de frío efectivo a nivel de pollito, incluso cuando las sondas ambientales indican valores “correctos”. Esto ocurre con frecuencia cuando existe una mala distribución del calor, corrientes de aire a ras de cama o una temperatura de suelo insuficiente.
- Estrés por calor. El estrés por calor presenta una firma acústica diferente y, en ocasiones, más difícil de detectar. En situaciones de calor extremo, el pollito reduce su actividad y puede entrar en estado de letargo, emitiendo pocas vocalizaciones. Antes de llegar al jadeo intenso, más característico en aves de mayor edad, pueden observarse vocalizaciones débiles, irregulares o la desaparición de las llamadas asociadas al confort. En este caso, la ausencia de sonido es tan informativa como un exceso de este.

Hambre, ayuno y acceso a recursos
El comportamiento nutricional está estrechamente ligado a la termorregulación y al perfil acústico del lote.
Un escenario frecuente en la recepción en la granja es observar pollitos activos, con comportamiento de picoteo, pero con un ambiente sonoro aún agudo y penetrante. Es estos casos, el problema no siempre es la temperatura, sino la accesibilidad real al alimento y agua. Algunos factores críticos pueden ser la altura y la distribución correcta de los comederos, o la presión y el caudal adecuados en las líneas de agua. El pollito que no consume alimento produce menos calor metabólico (termogénesis digestiva), se enfría con mayor rapidez y entra en un círculo vicioso de frío-hambre-estrés, claramente detectable desde el punto de vista acústico.
El ayuno post-eclosión, ya sea por retrasos logísticos o por dificultades de acceso al alimento en granja, tiene efectos directos sobre la vocalización. Las llamadas asociadas al hambre suelen presentar frecuencias fundamentales más altas, mayor duración individual y mayor repetitividad.

Cuantificando el bienestar animal
Tradicionalmente el bienestar animal se ha cuantificado de forma manual y cualitativa por falta de métodos cuantitativos fáciles de implementar. La bioacústica ofrece una vía objetiva y cuantitativa para evaluar el bienestar animal analizando de forma sistemática las vocalizaciones que producen las aves. Medir parámetros como frecuencia, numero de vocalizaciones, intensidad, ritmo, entropía, entre otros se correlacionan con estados fisiológicos y emocionales del animal permitiendo cuantificar de forma automática el bienestar de los animales. Por ejemplo, con la frecuencia y numero de vocalizaciones:
- Frecuencia y numero de vocalizaciones elevado: indica aumento de activación fisiológica, y por tanto están asociados a estados de alerta, estrés, hambre o sed, angustia o dolor. Los pollitos aumentan la frecuencia de vocalización para destacar sobre el lote o ruido de fondo.
- Frecuencia y numero de vocalizaciones bajo: indica un estado de confort y bienestar sugiriendo un contacto social estable.
Actualmente, algunos sistemas de Precision Livestock Farming (PLF) utilizan esta métrica para generar alarmas automáticas. El sistema alerta al operario para revisar calefacción, ventilación o acceso a recursos.

Integrando la bioacústica al manejo diario
Más allá de la tecnología, la bioacústica devuelve protagonismo a una herramienta tradicional pero subestimada: el oído del avicultor y del veterinario. Entrenar la escucha activa del lote puede mejorar de forma significativa la toma de decisiones en tiempo real.
Algunas recomendaciones prácticas incluyen:
- Escuchar el tono: murmullo grave y suave indica confort; chillido agudo y penetrante sugiere estrés.
- Escuchar el ritmo: vocalizaciones esporádicas son normales; un patrón continuo y cíclico es señal de alarma.
- Zonificación acústica: identificar si el sonido de angustia proviene de todo el lote o de zonas específicas, como perímetro, entradas de aire o áreas con menor densidad.
Complementar esta información con la observación visual (distribución de los pollitos, postura, actividad) y los datos ambientales permite un diagnóstico más preciso.

El tipo e intensidad del sonido que emiten los pollitos en el arranque de la cría son señales de altísimo valor si sabemos interpretarlas.
La bioacústica aplicada a la avicultura demuestra que el pollito comunica de forma constante su estado de bienestar. Las llamadas de angustia no son un ruido molesto, sino una señal biológica de alto valor diagnóstico, especialmente durante los primeros días de vida.
En un entorno productivo cada vez más tecnificado, aprender a “traducir” el idioma del pollito, ya sea mediante el oído entrenado o mediante sistemas automáticos, representa una ventaja competitiva real. Escuchar el lote permite acercarnos a una producción más eficiente, precisa y alineada con los principios de bienestar animal.

En definitiva, el pollito nunca miente, el desafío para el avicultor moderno es apoyarse en la tecnología de bioacústica adecuada para escucharlo 24hx7 y saber interpretar su idioma.
Gerard Ginovart, Tesa Panisello y Silvia Riva
www.CEALVET.com
Beneficios de la bioacústica en avicultura :
-. Artículo 1: Por qué la voz del pollito importa: bases científicas de la bioacústica aviar
-. Artículo 2: Del huevo al primer “piu”: lo qué nos cuentan los sonidos de los pollitos en la Planta de Incubación.
-. Artículo 3: Termorregulación, hambre y estrés: lo que revelan las “llamadas de angustia” de los pollitos

