Para el sector avícola español los brotes de IA de 2025 dejan varios mensajes clave. La vigilancia debe centrarse en la detección temprana de cambios sutiles en mortalidad y producción, especialmente en grandes complejos de ponedoras. La combinación de clínica, notificación temprana y un sistema de vigilancia sensible ha sido determinante para identificar los focos.
En segundo lugar, la investigación de los focos españoles pone el foco en los puntos ciegos de la bioseguridad interna: movimiento de pienso entre naves, servicios compartidos, circulación de personal entre granjas de un mismo grupo y gestión de materiales potencialmente contaminados. En un entorno de alta presión viral ambiental, estos factores internos pueden marcar la diferencia entre un único foco y un clúster de brotes en cadena.
En tercer lugar, la intensa circulación en aves silvestres obliga a reforzar la vigilancia pasiva en fauna y la comunicación entre el sector avícola y las redes de ornitólogos, agentes medioambientales y centros de recuperación. Las detecciones en silvestres solo reflejan una fracción de la mortalidad real, por lo que basar la percepción de riesgo exclusivamente en los casos oficialmente diagnosticados puede infravalorar la amenaza.