F. Javier González González
Veterinario especialista avicultura Nutreco.
Como éramos pocos…
Tras un año, sanitariamente hablando, intenso en el sector avícola a cuenta de la Gripe Aviar, resulta que otro virus, viejo conocido del sector, resurge ahora (también valdría la pena analizar las posibles causas de este renacimiento), y nos está pegando fuerte en la UE, en general, y en España, en particular.
Con Polonia a la cabeza con más de 90 brotes en aves comerciales en los dos últimos años, casi todos en pollos y en pavos vacunados, seguida de Alemania y España donde ya llevamos (a día de escribir este artículo: 29/04/26), nueve focos declarados, todos ellos en la región de Valencia y con clara interdependencia entre focos primarios y secundarios. El último oficial se ha declarado el 28 de abril en el mismo municipio valenciano donde ya se habían declarado otros dos focos y en pollos broilers de 28 días de vida vacunados tres veces (recordamos que es obligatoria la vacunación en la Comunidad Valenciana desde febrero de este año).
Con este ejemplo ya está claro que la vacunación no es la solución, pero sí que, sin duda, puede ser parte de ésta. Trataremos en este pequeño artículo de analizar de forma somera los pros y los contras de esta práctica que, hoy por hoy, hablando en general de sanidad animal y humana, sigue siendo la mejor opción preventiva de procesos infecciosos, especialmente víricos.
Lo primero es recordar que, como la Gripe Aviar, la Enfermedad de Newcastle (EN), es de declaración obligatoria en toda la Unión Europea y que es de categoría A lo que implica que el objetivo regulatorio es la erradicación inmediata cuando se detecta, con el sacrificio de los lotes afectados y el establecimiento de áreas de vigilancia y protección.
Es una enfermedad vírica, por tanto, infecciosa y transmisible (y mucho). La consecuencia de esto es que las prácticas de Bioseguridad encaminadas a evitar la entrada del virus en las granjas siguen siendo, como en le caso del virus de la influenza, las medidas “estrella” para tratar de controlar la enfermedad: control de visitas, de aves silvestres, roedores, vehículos, etc, etc.
La vacunación, en le caso de la EN, no es obligatoria en la UE aunque es una práctica muy extendida en todo el sector avícola. Se considera una herramienta complementaria pero no es, ni mucho menos, la base del control de la enfermedad.
Excepcionalmente países (el caso de Polonia), o regiones (el caso de la Comunidad Valenciana en España), pueden solicitar la obligatoriedad temporal de la vacuna ante brotes recurrentes de la enfermedad, pero esto, claramente, no es suficiente.
Esto vuelve a poner en el foco el peligro sanitario de las grandes unidades productivas o de las altas densidades avícolas en determinadas zonas. Los beneficios logísticos y de economía de escala son evidentes, pero también lo es el elevado riesgo sanitario. Tema para otro artículo.

Pros y cons de la vacunación
Veamos los argumentos a favor del uso de vacuna (defendidos por los países-regiones donde hay EN):
- Reduce la mortalidad y los signos clínicos.
- Es una herramienta imprescindible en las zonas donde el virus circula de forma endémica.
- Hay vacunas vivas de fácil aplicación en campo.
Y ahora veamos los argumentos en contra (defendidos por los países libres de la enfermedad y por las autoridades europeas, en general):
- Las vacunas clásicas NO evitan la infección ni la excreción viral, sólo los signos clínicos.
- Hay un alto riesgo de circulación silenciosa y una falsa sensación de seguridad.
- Impacto negativo en el estatus sanitario y el comercio internacional.
- Dificultad para diferenciar virus vacunal y virus campo.
Un problema añadido (el más importante desde mi punto de vista veterinario), es la enorme dificultad de diseñar un programa vacunal eficaz. Está claro que el programa debe adaptarse al tipo de producción avícola teniendo en cuenta variables como la inmunidad maternal, el tiempo de vida productiva, el valor genético y el estatus sanitario de las aves. No es lo mismo vacunar reproductoras (de carne o de puesta), ponedoras, pavos, broilers, granjas cinegéticas o aves de traspatio (autoconsumo). El mayor problema lo tenemos en las aves de autoconsumo (multiedad, dificultad de administración homogénea, contacto con aves silvestres, …), y en los broilers (ciclo corto, interferencia con anticuerpos maternales como en el Gumboro, …). Como ya mencionamos hay una evidencia clara de brotes clínicos en broilers vacunados en Polonia, Bélgica y España (el último de ayer mismo).
En todos los casos, es muy importante valorar los tipos de vacunas comerciales existentes. Resumiendo mucho, tenemos vacunas vivas aplicadas por spray o por agua de bebida, inactivadas que se inyectan y las vectoriales (sólo dos comercializadas en España). Quiero destacar estas últimas que se aplican en incubadoras y que no interfieren con la inmunidad maternal, por lo que parecerían las de elección para el caso de los broilers. Además, tienen las ventajas de no provocar reacciones postvacunales respiratorias (muy frecuentes en las vacunas vivas), que la inmunidad es lenta pero muy estable y duradera, y que reduce significativamente la excreción viral, aunque no la elimina por completo, por lo que en zonas de alta presión infecciosa hay que reforzarlas con vacunas vivas.
Por tanto, no existe un “mejor programa vacunal frene a EN”; toca adaptarlo a cada tipo de producción, riesgo y contexto epidemiológico.
Y terminamos apuntando el mismo debate que se plantea con la Influenza aviar: control versus erradicación. Las vacunas son, en ambos casos, un magnífico instrumento de control (programas bien diseñados y vacunas correctamente aplicadas), pero son “enemigas” de la erradicación, que, hoy por hoy, sigue siendo el objetivo marcado en la UE para ambos procesos. Supongo que todo dependerá de la evolución de estas enfermedades y de su consecuente impacto económico.
Y otra reflexión importante: lo que sí está demostrado que sirve tanto para el control como para la erradicación, es la Bioseguridad. No me cansaré de insistir en esto, aunque sea a costa de que muchos me llamen “pesao”. Toca trabajarlo más y mejor.
F. Javier González González
Veterinario STC Nanta
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